09 septiembre 2017

Iruña-Veleia, la ciencia, la no-ciencia, la verdad y los “hechos alternativos” (Comentarios al artículo “Los ‘hallazgos excepcionales’ de Iruña-Veleia (Álava): sintaxis de una falsificación arqueológica”, de Ignacio Rodríguez Temiño)

Recientemente, el arqueólogo Ignacio Rodríguez Temiño ha publicado un artículo en la revista Zephyrus, editada por la Universidad de Salamanca, con el título “The 'exceptional finds' of Iruña-Veleia (Álava): Syntax of an archaeological forgery” (“Los ‘hallazgos excepcionales’ de Iruña-Veleia (Álava): sintaxis de una falsificación arqueológica”) (1), en el que, de acuerdo con su visión personal, discute el desarrollo del caso de los hallazgos de Iruña-Veleia en los ámbitos académico, político, social y mediático, especulando sobre los motivos que podrían estar detrás de la supuesta falsificación, que considera definitivamente probada por la comisión científica asesora constituida por la Diputación Foral de Álava (DFA). En este post hago una crítica del artículo, poniendo de manifiesto sus sesgos evidentes, su falta de rigor en el relato de los hechos y sus clamorosas omisiones y apuntando a su nula aportación a la resolución de la controversia científica sobre la autenticidad de los grafitos, controversia cuya propia existencia implícitamente niega su autor al afirmar que el caso de Iruña-Veleia está “virtualmente acabado”.

En su artículo, Rodríguez Temiño no pretende aportar argumentos científicos con el fin de convencer al lector de la falsedad de los hallazgos de Iruña-Veleia, sino que considera la falsedad como un hecho que quedó definitivamente demostrado por la Comisión de la DFA. Esto se deduce del resumen, en el que afirma que “en 2008 se demostró que tales piezas eran falsificaciones”, y de sus afirmaciones hechas posteriormente en el foro Terra Antiquae (TA), donde comenta “no pretendo hacer ciencia, eso lo dejo a otros” (2). El artículo, por lo tanto no trata sobre la ciencia implicada en el estudio de los hallazgos, sino que se centra en cuestiones sociológicas que rodean a los mismos, tal como afirma en la introducción: “This paper aims to rise above this conflictive dynamic, in order to focus on the peculiarities resulting from the social context in which the events occurred.”

En el artículo se aprecian omisiones llamativas, siempre en el sentido de ocultar informaciones que pudieran contradecir las ideas defendidas por su autor, y una de las más llamativas es la del informe del arqueólogo británico Dominic Perring (3), que, de los derivados de los trabajos de la comisión, es probablemente el que tiene un contenido científico de mayor peso (si bien no está exento de deficiencias susceptibles de crítica). En su informe, Perring, aunque se inclina hacia un “elaborate hoax” (fraude elaborado) en Iruña-Veleia (inclinación no basada en la metodología arqueológica, que considera correcta, sino en el supuesto anacronismo de algunos hallazgos*), no está en absoluto seguro de ello, y dice que “further proof is needed” (“se necesitan más pruebas”), añadiendo:
The final word on the subject must await definitive publication by leading scholars of the epigraphy and textual sources of the period. […]
   The study of the graffiti is key – and the specialist report on this material will need to include full catalogues that make it possible to relate individual inscribed items to their find spot, their composition, and to the scientific tests conducted on the objects. Above all, the conclusions drawn need to be peer-reviewed by leading international scholars in the field. […]
   An additional test, and perhaps the most important, is to see if he results obtained can be duplicated by an independent team of researchers. Much as is the case in any scientific experiment, the replication of the experiment provides the ultimate proof.”
(“La última palabra sobre la cuestión debe esperar la publicación definitiva por los más destacados estudiosos de la epigrafía y de las fuentes textuales del periodo. […]
   El estudio de los grafitos es clave – el informe de los expertos sobre este material deberá incluir catálogos completos que hagan posible relacionar los objetos inscritos individuales con su punto de hallazgo, su composición y con las pruebas científicas realizadas sobre los objetos. Ante todo, las conclusiones obtenidas necesitan ser sometidas a revisión por pares por los estudiosos internacionales más destacados en el campo. […]
  Una prueba adicional, y quizás la más importante, es ver si los resultados pueden se reproducidos por un equipo independiente de investigadores. Como ocurre en cualquier experimento científico, la replicación del experimento proporciona la prueba definitiva.”) (Subrayados añadidos.)
Estas recomendaciones fueron completamente ignoradas por la DFA, que encargó y pagó el informe, y por todos los miembros de la Comisión. Ahora, de nuevo, el arqueólogo Ignacio Rodríguez Temiño vuelve a ignorarlas en su artículo.

En el debate que siguió en TA, en el que participó el propio Rodríguez Temiño, tras reconocer que no es lingüista ni epigrafista (“toda mi experiencia en epigrafía latina ha sido la publicación de unos tituli pintados en ánforas”), que “no he destacado con mis investigaciones en ningún campo, por eso soy un perfecto desconocido” y que “no pretendo hacer ciencia, eso lo dejo a otros”, afirma haber recogido “la opinión mayoritaria y más convincente” (mayoritaria ¿para quién? y convincente ¿para quién? – porque hay bastantes autores muy respetables que no están convencidos). Pero lo más sorprendente es su afirmación de que “en el debate lingüístico ha pasado el tiempo de los 'informes' y si alguien quiere reivindicar la autenticidad de los ostraca por esa vía, debe escribir un trabajo y enviarlo a una revista de alto nivel especializada en el tema; todo lo demás es marear la perdiz”, cambiando por completo el lugar en el que debe recaer el peso de la prueba: cuando la datación estratigráfica realizada por el equipo de Lurmen ha pasado la exigente prueba de un peer-review del máximo nivel realizado por dos prestigiosos arqueólogos internacionales, Edward Harris (4) y Dominic Perring (3), que han asegurado que se realizó con los máximos estándares profesionales (buen hacer profesional que es compartido por el propio Rodríguez Temiño – en contra de la opinión de los arqueólogos de la Universidad del País Vasco (UPV) (5)), es aquí donde ha quedado colocado el listón y donde se ha puesto el balón en juego (utilizando un símil empleado por Rodríguez Temiño (2)) y ahora a quienes les toca pasar su peer-review y “escribir un trabajo y enviarlo a una revista de alto nivel especializada en el tema” son quienes aseguran que los grafitos son falsificaciones recientes, aportando pruebas que lo demuestren – y a eso es a lo que claramente se refería Perring, tras alabar el trabajo arqueológico de Lurmen, al decir que “further proof is needed” (obviamente, para demostrar la supuesta falsificación). (Y no digo que los autores “veristas” no tengan que publicar, pero debe entenderse la dificultad que tienen para ello debido a la fanfarria mediática orquestada desde la DFA en contra de la autenticidad de los hallazgos y a la judicialización del caso, que ha determinado la imposibilidad de acceder a las piezas objeto del litigio, lo cual es necesario para resolver lecturas dudosas y para realizar los tests físicos que probablemente solicitarán los revisores en vista de la polémica creada en torno a los grafitos.)

En contra de lo que parece intentar hacernos creer Rodríguez Temiño en sus comentarios en TA (2), la revista Zephyrus en la que publica su artículo no es una revista científica de alto nivel. Aunque afirme que Zephyrus “está indizada en las principales bases de datos académicas internacionales y, para la rama de arqueología, no solo está en el primer cuartil, sino que es la revista española con mayor impacto internacional. Académicamente ahí es donde he puesto el terreno de juego y está el balón, le disguste a quien le disguste”, en una búsqueda en la más prestigiosa base de datos de revistas científicas, la Web of Science (WOS), Zephyrus no aparece (al contrario que otra revista española de arqueología, Trabajos de Prehistoria). Zephyrus sí está indizada en otra base de datos, Scopus, no tan prestigiosa como WOS, pero no en el primer cuartil entre las revistas de arqueología, sino en el segundo, ocupando el puesto 76 de 223, con un promedio de 0,37 citas por artículo en los tres años posteriores a la publicación (incluyendo cartas y proceedings de congresos), índice denominado CiteScore (6). El CiteScore de Zephyrus está por detrás de los de otras revistas de arqueología en español como Arqueología Iberoamericana (0,69), Estudios Atacameños (0,54), Trabajos de Prehistoria (0,52) y Hesperia (0,44) (los dos primeros editados en Sudamérica y los dos últimos en España) (6). Si lo que pretende decir Rodríguez Temiño es que los índices bibliométricos de la revista en la que ha publicado su artículo elevan el debate sobre los hallazgos de Iruña-Veleia a un nuevo nivel científico, no puede menos que tomarse con una buena dosis de ironía, sabiendo que, si nos atenemos al índice de citación de la revista, lo más probable es que nadie cite su artículo en los próximos tres años, ni si quiera en un proceeding de un congreso. También es interesante notar, en relación con la revista Zephyrus, que el historiador Martín Almagro Gorbea, que declaró públicamente falsos los grafitos antes de que se pronunciara la Comisión (7), forma parte del consejo asesor de dicha revista (8).

En la discusión habida sobre su artículo en TA (2), Rodríguez Temiño afirma que “La interpretación para que sea válida debe tener acogida en el ámbito experto que se trate, sea arqueología o lo que sea. Una persona puede tener opiniones erga omnes, como ya he dicho, pero si la interpretación carece de acogida suficiente en el ámbito especializado termina su recorrido”. Según esta opinión, las ideas falsistas de los informes de la Comisión habrían terminado su recorrido, ya que no solo sus autores no las han publicado en ninguna revista científica, sino que su acogida en el ámbito científico internacional, casi nueve años después de hacerse públicos los informes y a pesar del ruido mediático, ha sido prácticamente nula, hecho que omite Rodríguez Temiño. Yo no conozco ningún autor no español que haya citado los argumentos de la Comisión en un artículo científico que haya pasado revisión por pares. La única cita internacional de la que tengo conocimiento es la de la profesora italiana Maria Letizia Caldelli, que en el “Oxford Handbook of Roman Epigraphy”, en la sección de un capítulo sobre falsificaciones titulada “Forgeries carved in stone” (9), hace una muy breve mención del caso de Iruña-Veleia, dedicándole solo dos líneas, citando el artículo “Hic et nunc. Falsificaciones contemporáneas. El caso de Iruña-Veleia” de Joaquín Gorrochategui (10) (texto de una comunicación de un congreso), pero dando la impresión de que no se lo ha leído o no lo ha entendido, ya que afirma que los grafitos están “related to different aspects of Roman everyday life”, cuando en realidad Gorrochategui habla de diversos temas de los que tratan los grafitos, siendo la vida cotidiana solo uno de ellos (de hecho solo una pequeña parte de los grafitos trata sobre la vida cotidiana). Puede que sea coincidencia casual, o no, pero llama la atención que Leitizia Caldelli cite el artículo de Gorrochategui precisamente en el mismo libro en el que publica dos capítulos Francisco Beltrán Lloris, que ha sido un cercano colaborador del filólogo de la UPV (11).

Cuando alguien va a publicar sobre un tema, lo primero que hace es documentarse bien sobre el mismo. Pero Rodríguez Temiño parece haber hecho muy poco esfuerzo por documentarse bien sobre el asunto de Iruña-Veleia, pues da la impresión de que no se ha leído muchos de los artículos e informes que se han publicado sobre el caso. Ello se deduce de la afirmación que hace sobre los artículos favorables a la autenticidad: “The most recent papers published by veristas (Frank, 2011, 2012; Iglesias, 2012; Silgo, 2012) do not even begin to meet the necessary requirements to reopen the debate on the authenticity of the ‘exceptional finds’ from Iruña-Veleia.”, que demuestra que desconoce el contenido de los artículos que cita, ya que los dos de Roslyn Frank no tienen nada que ver con Iruña-Veleia. Otra prueba de su ignorancia del contenido de los informes y artículos sobre Iruña-Veleia es su afirmación "The reports contain only generic considerations and do not attempt to rebut the objections lodged in the opinions submitted to the committee. Therefore, they cannot really be considered substantiated contributions, regardless of who endorsed them”, lo cual es manifiestamente falso (por ejemplo, basta leer el extenso y profusamente documentado informe del filólogo francés Hector Iglesias (12), de 230 páginas – posteriormente publicado en forma de libro (13) – para comprobar cómo su autor va rebatiendo uno por uno los argumentos de Joaquín Gorrochategui, Joseba Lakarra e Isabel Velázquez – quizá el hecho que esté en francés haya dificultado el conocimiento de su contenido por parte de Rodríguez Temiño). Al desconocer el contenido de los informes y artículos favorables a la autenticidad, Rodríguez Temiño se limita a reproducir los argumentos de los informes de la Comisión (errores incluidos), sin mencionar los argumentos y hechos que los contradicen aportados por otros autores. 

La única excepción de un escrito favorable a la autenticidad que parece haber leído Rodríguez Temiño es el informe del historiador y epigrafista Antonio Rodríguez Colmenero (14), pero sin enterarse bien de su contenido, de lo que hay una muestra en esta afirmación: “For Rodríguez Colmenero, there are indications of the presence of one Saul of Tarsus in Veleia between the 4th and 5th centuries, a proselytising missionary with obvious teaching skills, who founded a school for children of the settlement”. Rodríguez Temiño parece desconocer que Saúl es el nombre hebreo de San Pablo “el apóstol de los gentiles”, natural de Tarso, que vivió en el siglo I d.C., y que la referencia que hace de él Rodríguez Colmenero es en sentido figurado (“una especie de Saulo de Tarso”), comparando la labor evangelizadora del pater y pontifex que aparece en los grafitos de Veleia con la de San Pablo. Tampoco ha entendido el informe de Madariaga, del que hace una interpretación muy personal, afirmando que ofrece “reliable proof that they [los trazos] were recent”, cuando la realidad es que Madariaga no llegó a ninguna conclusión definitiva sobre la autenticidad o falsedad de los grafitos (15), hecho que reconoce el propio Joaquín Gorrochategui en su artículo “Hic et nunc” (10). Igual de personal es la interpretación que hace del informe del Instituto del Patrimonio Cultural de España, del que solo se han hecho públicos extractos parciales en los medios de comunicación y en el blog Ama Ata, del que el resumen que hace Rodríguez Temiño discrepa de lo publicado. 

En su artículo, Rodríguez Temiño realza exageradamente las credenciales de los autores del lado “falsista” y ningunea a los “veristas”, en otro ejercicio absolutamente personal y subjetivo de valoración de méritos. Así, afirma que “All the participants in the academic debate over the Iruña-Veleia case know perfectly well that, in the current context, when a large group of widely acclaimed academic experts, such as the members of the committee, reach a categorical conclusion regarding an issue on which no one has challenged their expertise, filing reports with a court or posting them to websites are not the right way to reopen the doctrinal debate.” En cuanto a lo de “a large group of widely acclaimed academic experts”, debo responder que entre los miembros de la Comisión solo conozco a dos que tienen cierto renombre internacional (aunque lejos de alcanzar el nivel de “widely acclaimed”), por estudios que publicaron hace bastantes años: los filólogos Isabel Velázquez por sus estudios sobre las pizarras visigodas y Joaquín Gorrochategui por sus estudios sobre las inscripciones aquitanas. Y en cuanto a lo de “categorical conclusions”, no lo fueron en absoluto las de Dominic Perring (2) ni las del químico Juan Manuel Madariaga (15). En fuerte contraste con sus valoraciones al alza de los autores “falsistas”, desprecia las opiniones favorables a la autenticidad, y por consiguiente a los autores que las sostienen, afirmando que tienen “scant academic credit” y “little academic support”. Produce perplejidad su insistencia en lo académico, porque el ámbito científico es mucho más amplio, y en este caso más relevante, que el académico (ha habido premios Nobel científicos que no fueron profesores) y porque el prestigio internacional de las universidades españolas está en niveles penosos, y esto no es apreciación mía, sino que son los propios profesores universitarios quienes critican abiertamente la endogamia y las redes clientelares de las universidades españolas (16,17), que no eligen a los mejores entre sus profesores, lo cual ha contribuido a que, en un ranking recientemente publicado, ninguna de las universidades españolas esté entre las 200 mejores del mundo (estando la UPV, de donde proceden los profesores de la Comisión, en el puesto 492) (18) y a que éstas apenas atraigan estudiantes de otros países (19), a pesar de existir una comunidad latinoamericana hispanohablante de más de 400 millones de personas (en cambio, las 13 universidades holandesas están entre las 200 primeras del mundo (20)). Pero, aparte del escaso crédito internacional de la universidad española, no cabe duda de que, si se valora el crédito científico internacional de los protagonistas del caso de Iruña-Veleia, quien se lleva la palma es el arqueólogo “verista” Edward Harris (4,21,22), y que los “veristas” Antonio Rodríguez Colmenero (Catedrático Emérito de Historia Antigua de la Universidad de Santiago de Compostela) (14,23) y Jean-Baptiste Orpustan (Profesor Honorario de las Universidades Michel de Montaigne-Bordeaux III) (24,25) no van a la zaga en méritos académicos de ninguno de los autores “falsistas”. Pero incluso aunque los hallazgos de Iruña-Veleia no contaran con el aval de científicos y académicos muy respetables, ello no implicaría que fueran necesariamente falsos, como lo demuestra el caso de las pinturas de Altamira, cuya adscripción al paleolítico, propuesta por su descubridor, Marcelino Sanz de Sautuola, licenciado en Derecho y arqueólogo aficionado, fue rechazada por los más prestigiosos prehistoriadores y arqueólogos franceses y españoles de la época (26), opinión que se demostró errónea unas dos décadas más tarde con el descubrimiento de pinturas similares en cuevas francesas, lo que obligó al prominente “falsista” de aquella época, Émile de Cartailhac, a reconocer su error en su célebre artículo “Mea culpa d’un sceptique” (27). La historia es la mejor maestra, pero todavía hay muchos que se empeñan en ignorar sus lecciones.   

Otra cuestión que trata Rodríguez Temiño en su artículo es el apoyo social (que afirma que es escaso – “little” - a favor de la autenticidad) y de los medios de comunicación a las tesis de falsedad, al que le da una exagerada importancia (“Berria’s support has been fundamental to the falsista faction”), como si tuviera alguna relevancia sobre la autenticidad o falsedad de los hallazgos. Es la misma actitud que adopta Joaquín Gorrochategui en su artículo “Hic et nunc” (10), en el que afirma que “a nadie se le escapa que esta conclusión [de falsedad] es aceptada por la inmensa mayoría de la opinión pública vasca”. Pero lo que en realidad no se le escapa a nadie es que la opinión pública es cambiante e influenciable por los mensajes que recibe a través de los medios, y ello ha quedado de manifiesto en el caso de Iruña-Veleia con la tendencia cambiante de los comentarios que acompañan a las noticias sobre el caso, siendo su relevancia para dilucidar la autenticidad o falsedad de los hallazgos absolutamente nula. Lo mismo se puede decir del apoyo de algunos medios de comunicación a la falsedad, en particular del diario abertzale Berria, que destaca Rodríguez Temiño en su artículo, o de la mayor o menor atención que dichos medios presten al caso de Iruña-Veleia. Y de nuevo debemos volver al caso de Altamira para ver cómo Sanz de Sautuola tuvo que soportar las burlas y el desprecio de los periódicos de la época a raíz de su hallazgo (26).

El artículo concluye con la afirmación categórica “Although more news can be expected following the court decision, the Iruña-Veleia case is virtually over”. El arqueólogo que confiesa no haber destacado en ningún campo (2) se atreve, en tono pontificante y sin aportar nuevos argumentos, a contradecir no sólo a los autores “veristas”, algunos de ellos de reconocido prestigio en sus campos, sino incluso a los propios autores “falsistas”. Y es que hay autores a quienes cree dar su apoyo que han hecho afirmaciones que dejan entrever que no todo está acabado desde el punto de vista científico en el caso de Iruña-Veleia. Así, Joaquín Gorrochategui, en la discusión habida tras la conferencia “Aspectos lingüísticos de las inscripciones de Iruña-Veleia”, impartida por Luis Silgo y Hector Iglesias, realizó los siguientes comentarios: “Mis opiniones pueden ser rebatidas por otras personas o por otra comisión…que vengan los arqueómetras mejores que hay en el mundo y que digan algo” (28). Estas no son afirmaciones esperables de alguien que considera el caso de Iruña-Veleia cerrado, como tampoco la es la de Joseba Lakarra en Diario Vasco “[La discusión sobre Iruña-Veleia] no se ha cerrado bien. No he visto ningún artículo en ninguna revista científica” (29). Y en este punto también cabría recordar que ni Dominic Perring (3) ni Juan Manuel Madariaga (15) llegaron en sus informes a ninguna conclusión definitiva sobre la autenticidad o falsedad de los hallazgos, haciendo expresamente el primero una serie de recomendaciones para continuar su estudio, entre ellas la realización de excavaciones de control, ninguna de las cuales se ha llevado a cabo. Si para Rodríguez Temiño el caso de Iruña-Veleia “is virtually over”, esa no pasa de ser una opinión particular suya, que no es compartida de forma general por los expertos que han estudiado los hallazgos y que parece haber tomado de una corriente falsista radical que se expresa en algunos foros de Internet, más que de las opiniones menos extremistas de algunos miembros o asesores externos de la Comisión.

En conclusión, el artículo de Rodríguez Temiño no aporta nada nuevo al debate científico sobre la autenticidad de los grafitos de Iruña-Veleia, ya que de entrada su autor asume que su falsedad quedó definitivamente demostrada por la Comisión de la DFA en 2008. Aunque Rodríguez Temiño es arqueólogo y la revista en la que publica es de arqueología, el artículo no trata sobre los hallazgos de Iruña-Veleia desde un punto de vista arqueológico, sino que, como deja claro en la introducción, se centra en el trasfondo social que rodea dichos hallazgos. Y aunque en cuestiones sociológicas la subjetividad es inevitable, en un artículo publicado en una revista científica se esperaría un intento por parte de su autor de ser lo más objetivo posible, o al menos de aparentar serlo, en una cuestión que es altamente controvertida, elevándose por encima de la controversia y aportando una visión equilibrada y neutral. Sin embargo, Rodríguez Temiño no hace tal intento, sino que toma partido y no lo disimula, posicionándose sin ambigüedades en el falsismo y en su vertiente más extrema: la que sostiene que el debate sobre la autenticidad de los hallazgos de Iruña-Veleia quedó definitivamente zanjado con un supuesto veredicto categórico de la Comisión de la DFA y que tras ese veredicto poco o nada más queda por decir sobre el tema (y no de otra manera se puede entender su aseveración de que “the Iruña-Veleia case is virtually over”), elevando el pronunciamiento de una comisión formada por profesores de una universidad situada en el puesto 492 del ranking mundial (que no fue ni consensuado, ni unánime ni categórico) a un nivel similar al de una definición dogmática papal ex cathedra. Y para apoyar sus ideas no tiene ningún reparo en apuntarse a la moda “trumpiana” de los “hechos alternativos” (en alusión al eufemismo empleado por los asesores del presidente de EE.UU. Donald Trump): el extravagante ensalzamiento de las credenciales de los autores “falsistas”, el ninguneo de los autores “veristas”, la negación de que los informes y artículos pro-autenticidad aportan argumentos que rebaten (o al menos lo intentan) los de la Comisión, las inexistentes pruebas obtenidas por Madariaga de la ejecución reciente de los grafitos, la negación implícita de la existencia de una controversia científica no resuelta o el supuesto alto impacto de la revista en la que publica su artículo. Y dentro de los “hechos alternativos” también hay que incluir sus clamorosas omisiones, como las recomendaciones de Perring, los argumentos de los informes que contradicen a los de la Comisión o la valoración que se hace de los análisis grafológicos en el informe de la Ertzaintza, en el que se niega su validez científica para incriminar al autor de los textos de las letrinas (30) (mencionando únicamente el informe grafológico solicitado por la DFA sobre dichos textos). Su sesgo también queda en evidencia en su exigencia a quienes quieren reivindicar la autenticidad de los grafitos, y solo a ellos, de “escribir un trabajo y enviarlo a una revista de alto nivel especializada en el tema” (2), cuando los autores de los informes pro-falsedad en los que se basa Rodríguez Temiño para justificar su posición no han publicado sus argumentos en ninguna revista científica y no han pasado ningún tipo de revisión por pares, ignorando las recomendaciones de Dominic Perring (aparte de que habría que preguntarse ¿a qué viene esta exigencia de publicar sobre un asunto que, según Rodríguez Temiño, está “virtualmente acabado”?).

El caso de Iruña-Veleia, once años después de los hallazgos y nueve de las recomendaciones de Perring, aún sigue esperando que la ciencia se implique de lleno y dé su veredicto, siguiendo los cauces habituales de todo hallazgo científico y dejando de lado opiniones personales y análisis sociológicos sesgados, poco rigurosos y faltos de sustancia que pretenden dar por terminado, no se sabe con qué intenciones, un asunto que desde el punto de vista científico aún está en sus prolegómenos.

*En su informe, al aludir a los supuestos anacronismos de los grafitos, Perring cita comentarios en el blog Celtiberia sobre el nombre Nefertiti por parte del egiptólogo Juan Carlos Moreno y sobre la supuesta apariencia moderna de la lengua vasca de los grafitos. Perring no entiende español, ya que hubo que traducirle al inglés el informe arqueológico de Eliseo Gil e Idoia Filloy, quejándose de la deficiente calidad de la traducción, por lo que alguien tuvo que haberle informado de las discusiones en Celtiberia. El informe de Perring aparece como anexo al informe del Área de Arqueología de la UPV y es de suponer que fueron los profesores de dicha área quienes propusieron a la DFA solicitar un informe al arqueólogo británico. Dejo a la especulación de cada cual figurarse de dónde provino la información que le llegó a Perring de los comentarios sobre temas ajenos a su especialidad hechos en un blog en español, así como la del argumento de “Anquises”, que también menciona, pero es obvio que alguien se la tuvo que proporcionar, influenciándole en su opinión sobre los supuestos anacronismos de los grafitos.

Referencias

     1. Rodríguez Temiño, I.  Los ‘hallazgos excepcionales’ de Iruña-Veleia (Álava): sintaxis de una falsificación arqueológica. Zephirus (2017); 79: 197-217.
2. Rodríguez Temiño, I. Terrae Antiquae. Iruña Veleia y sus "revolucionarios" grafitos IX: El auto de apertura de juicio oral. 24/6/2017. http://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/iruna-veleia-y-sus-revolucionarios-grafitos-ix-el-auto-de-apertur?id=2043782%3ABlogPost%3A416832&page=15#comments
3. Perring, D. An evaluation of the reliability of the stratigraphic sequences and findings described in the “Report on the discoveries of exceptional graffiti in the Roman city of Veleia (Iruña de Oca, Alava)” prepared by Idoia Filloy Nieva and Eliseo Gil Zubillaga. 2008. http://www.sos-irunaveleia.org/informeaa
4. Harris, EC. Iruña-Veleia archaeological assessment. 2009.
5. Azkarate, A, Bengoetxea, B, Núñez, J, Quirós, JA. Valoración arqueológica del “Informe conjunto arqueológico de Iruña-Veleia. Informe sobre los hallazgos de grafitos de carácter excepcional” y de la documentación del recinto 59, sector 5. 2008. http://www.sos-irunaveleia.org/informeaa
6. Journal metrics – Scopus.com. https://journalmetrics.scopus.com/
7. Carrero, MJ. «Los hallazgos de Iruña-Veleia son una broma o una estafa». Elcorreo.com. 1/11/2008. http://www.elcorreo.com/vizcaya/20081101/sociedad/hallazgos-iruna-veleia-broma-20081101.html
8. Zephyrus. Equipo de redacción.
9. Caldelli, ML.  Forgeries carved in stone. En “Oxford Handbook of Roman Epigraphy”, pp. 49-54. Oxford University Press. 2014.
10. Gorrochategui, J. Hinc et nunc. Falsificaciones contemporáneas. El caso de Iruña-Veleia. En: “El monumento epigráfico en contextos secundarios: Procesos de reutilización, interpretación y falsificación”. Servei de Publicacions de la Universitat Autònoma de Barcelona. Bellaterra (Barcelona). 2011. http://www.amaata.com/2013/12/hic-et-nunc.html
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12. Iglesias, H. Les inscriptions de Veleia-Iruña. 2009. 
13. Iglesias H. Les Inscriptions d'Iruña-Veleia: Analyse linguistique des principales inscriptions latines et basques découvertes sur le site archéologique de Veleia. Connaissances & Savoirs. 2016.
14. Rodríguez Colmenero, A. Iruña-Veleia: sobre algunos grafitos singulares aparecidos en las excavaciones arqueológicas de la ciudad romana. Un parecer. 2009. http://www.sos-irunaveleia.org/colmenero
15. Madariaga, JM. Estudio e investigación del yacimiento de Iruña Veleia. Análisis químicos. https://www.araba.eus/publicar/Informes/Veleia_Inf_24.pdf
16. Gimbernat, E. El declive irresistible de la universidad. El Mundo. 8/6/2016.
17. Díez Ripollés, JL. La endogamia universitaria. El País. 25/1/2017.
18. Yanke, R. Ninguna universidad española entre las 200 primeras del ranking de Shangai. El Mundo. 15/7/2017.
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20. Rachidi, I. El 'pleno al 13' de Holanda: así coloca todas sus universidades entre las mejores del mundo. El Mundo. 15/2/2017.
21. Harris, EC. “Iruña-Veleia: they did a superb job". 30/8/2016.
22. Harris, EC. Es imposible falsificar los 400 grafitos de Iruña-Veleia". Gara. 18/11/2015.
23. Rodríguez Colmenero, A. Grafitos, textos y diseños de la Veleia romana: la urgencia de una solución. 1er Congreso Internacional sobre Iruña-Veleia. 24/11/2012.
24. Orpustan, J-B. "A propos des "Observaciones sobre los recientes hallazgos epigráficos paleovascos de Iruña-Veleia (TrespuentesVillodas, Álava)" de L. Silgo Gauche". 2009.
25. Orpustan, J-B. La langue basque au moyen âge, IXe - XVe siècles. En annexe: Du basque médiéval au basque antique: les inscriptions de Veleia-Iruña en Alava. pp. 259–277.
26. Calvo Poyato, J. Altamira. Historia de una polémica. Stella Maris. Barcelona. 2015.
27. Cartailhac, É. La grotte d’Altamira, Espagne. Me culpa d’un sceptique. L'Anthropologie (1902); 13: 348-354.
28. Gorrochategui, J. Turno de preguntas de la conferencia “Aspectos lingüísticos de las inscripciones de Iruña-Veleia”. Vitoria-Gasteiz. 25/3/2010.
29. Lakarra, J. Entrevista en diariovasco.com. 1/7/2011.
30. Van den Driessche, K. La Diputación Foral de Álava basó su querella en un informe falso. Ama Ata. 9/6/2017.