06 febrero 2013

El Itinerario de barro: conclusiones y lecciones

Para no extender el post relacionado El Itinerario de barro: epigrafía versus ciencia recojo aquí las conclusiones después de haber estudiado debidamente el artículo de Ochoa et al.

Leemos en el informe en anexo del artículo de C. Fernández Ochoa, Á. Morillo Cerdán y F. Gil Sendino / El Itinerario de Barro. Cuestiones de autenticidad y lectura, Zephyrus, LXX, julio-diciembre 2012, 151-179, todavía no en internet, que el Laboratorio de Datación y Radioquímica de la Universidad Autónoma de Madrid certifica las siguientes fechas TL para respectivamente las tablillas I, II, III y IV:

MADN-5767rBIN: 1700+-202 BP, MADN-5781BIN: 1783+-138 BP, MADN-5782BIN 1734+-134 BP y MADN-5787BIN 1743+-207. 



Ya sin elaboración estadística se observa que las edades de las 4 tablillas coinciden y que son romanas del siglo III/IV sin lugar a duda, visto que la edad de las 4 coincide.

Visto también que las inscripciones se realizaron según los autores con stylus ("Presentan en la
cara anterior un texto inscrito en mayúsculas cursivas o actuarias, ejecutadas con un stylus, muy similar al que debía emplearse en las tablas enceradas
."), o entendemos antes de cocción. Lo cual es afirmado también por el epigrafista García y Bellido (1975) quien estudió los originales, contrario a varios epigrafistas que afirmaron la falsedad, y nos afirma: "barro tierno– que, en este aspecto, venía a ser lo mismo, virtualmente, que la cera de las tabellae ceratae"

En la imagen se ve claramente la rebaba de una inscripción en 'barro tieso'
(foto aportado por Raúl Villanueva)


Tal como está el estado de la ciencia, las inscripciones son romanas y no son fruto de una falsificación.

Este caso nos demuestra claramente que argumentaciones epigráficas ni pueden afirmar ni la falsedad ni la autenticidad de unas inscripciones de manera fehaciente , y que únicamente investigaciones materiales aportan las pruebas.

Las afirmaciones epigráficas basadas en argumentos intelectuales (i.e. de entre las orejas) deben ser confirmados por pruebas científicas para ser validadas. Es el merito de los autores de este estudio de haber buscado afirmación analítica, algo que no podemos afirmar de determinados epigrafistas que parecen operar ajeno a los avances científicos.

¡Que corrija quien se ha equivocado!