Nota editorial. Este artículo corresponde a una tribuna de opinión remitida por su autor. Ama Ata facilita este espacio para el debate documentado sobre la historia y la arqueología. Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor.
Serie «La maldición de Iruña-Veleia»
Entrega 2 de 4
- Entrega 1: RIP EN VEZ DE INRI.
- Entrega 2: ¿NEFERTITI?
- Entrega 3: UN CERDO COMO JÚPITER.
- Entrega 4: CON “JOTA” E “Y GRIEGA”.
“La maldición de Iruña-Veleia”, en ciertos medios de comunicación…(y 2).
(En relación al artículo aparecido en El Correo el 26 de junio de 2026: «Veleia consolida su valor arqueológico para dejar atrás el escándalo de hace 20 años”, firmado por Ander Carazo).
Los más conspicuos usuarios de este medio que nos acoge recordarán la anterior entrega de esta “miniserie”. No es la primera vez que se reflexiona sobre explicaciones alternativas para los informes de la Comisión. Informes que sirvieron para armar la querella contra varias personas, entre ellas E.G., el exdirector de las excavaciones arqueológicas de Iruña-Veleia. Reflexionaba pues sobre qué, antes de estas líneas, ha habido cualificadas averiguaciones sobre paralelos de la antigüedad y explicaciones tan alternativas como razonables sobre las supuestas anomalías de los grafitos veleienses, condenados y denostados en ciertos informes de la Comisión. En este mismo portal de Ama Ata, pueden consultarse múltiples entradas al respecto como las que yo mismo he utilizado. Del mismo modo encontrará el usuario entradas sobre el proceso judicial y sus nefastas consecuencias, así como novedades sobre la investigación y múltiples temas relacionados. Digamos, simplemente, que la machacona insistencia de El Correo me ha servido para reflexionar cómo se practicó, en aquellos tiempos de los hallazgos, una especie de “ingeniería argumental” para justificar una decisión ya tomada.
Segunda entrega:
¿NEFERTITI?
Se nos cuenta en El Correo, con tanta soltura como impostada “auctoritas” que los nombres de las reinas Nefertiti y Nefertari son convenciones del siglo XX, en consecuencia, a ellas no se les conocía en la Antigüedad. Siempre , según El Correo, las primeras noticias sobre Nefertiti son tras el descubrimiento de su tumba, a orillas del Nilo, en el siglo pasado. Como colofón, Nefertiti es una convención moderna, al no poder pronunciar “nfr.u itn”.
Sin matices, sin dudas, con un estilo escueto y directo, como “la verdad revelada”, una suerte de “periodismo de trinchera”, impropio de un estudio científico en el que, se supone, que se basa. Pero, no avancemos acontecimientos, veamos cuántas evidencias exactas y veraces hay en lo enunciado…
Comencemos con las obviedades, no tenemos ningún registro sonoro de la antigüedad, así que todo lo que la ciencia nos proponga serán reconstrucciones. Con el egipcio clásico nos pasa como con los idiomas semíticos (todos de la familia lingüística afroasiática), las vocales no se registran, así que, desde tiempos remotos, al verter los nombres jeroglíficos a otros idiomas (por ejemplo al griego) no queda otra que suponerlas, y acomodarlas a la propia fonética, con mejor o peor fundamento.
Primero y, en justicia, la expresión “nfr.u itn” naturalmente que se pronunciaba en su época y, hoy, como en cualquier otro periodo del pasado, pudo “verterse” a otras lenguas, en lo que nos interesa, al griego y desde él al latín. El problema es que la transliteración que ofrece El Correo NO es el nombre de nacimiento de Nefertiti, así que, empezamos bien…! El nombre de Nefertiti se traslitera como “nfr.t-j.tj”, una oración verbal fosilizada que funciona como nombre propio y viene a significar, como muchos recordarán, “la bella/la hermosa ha llegado”. Por su parte, “nfr.u itn” (según El Correo) o mejor, “nfr.w jtn” es un sintagma nominal que vendría a significar “las perfecciones de Atón”. Seguramente el error viene del nombre que adoptó Nefertiti tras su matrimonio con el faraón “hereje” Ajenatón. Tras unos años, posiblemente al trasladar la capital a Amarna, Nefertiti pasó a llamarse Neferneferuaton Nefertiti, con una titulación ampliada que se transliteraría como “Nfr-nfrw-Jtn Nfr.t-jí.tj” que vendría a significar “hermosas son las perfecciones de Atón, la bella ha llegado”. El Correo ha tomado una parte del nombre ampliado de Nefertiti, tomándolo erróneamente por su nombre de nacimiento.
Pero, ¿por qué nos enredamos en estas discusiones bizantinas? Los egiptólogos, especialistas en ese periodo de la historia clásica ya se ocupan profesionalmente de ello, lo que necesitamos son expertos en el Egipto grecorromano y en latín tardío y verificar la viabilidad de Nefertiti, desde el griego y el latín vulgar, en ese arco cronológico.
Y otro cuestionamiento fundamental, ¿es Nefertiti, como se afirma en El Correo, una convención del siglo XX? Pues resulta que NO. Flanders Petrie, famoso egiptólogo británico publica “Nefertiti” a finales del siglo XIX y no lo hace sacándolo de la manga, sino que bebe de las fuentes de otros expertos anteriores a él que ya se habían enfrentado al cartucho con su nombre en jeroglíficos. Podría pensarse que es un detalle menor, ¡qué más dará un siglo que otro, unas décadas de diferencia! Pues tiene su miga, puesto que es un argumento que se utilizó para “acotar” la fecha de la supuesta falsificación. Decir que ya se consignaba Nefertiti en el siglo XIX alejaba ese escenario del presente,mientras que el siglo XX sonaba psicológicamente más cercano. Más “ingeniería del relato”, de la que haría sonrojarse a un científico imparcial.
¿Y Nefertari? De entrada, pese a lo dicho, era una reina muy conocida en la Antigüedad, gran esposa real de Ramsés II, el Grande. El faraón, afligido por la muerte de su reina, hizo construir para ella la más grande y bella tumba del Valle de los Reinas, considerada por muchos como la más hermosa de todas las tumbas egipcias. Y por qué traemos ésto a colación? Pues simple y llanamente porque recordemos que se nos cuenta en El Correo que “Las primeras noticias sobre Nefertiti son tras el descubrimiento de su tumba, a orillas del Nilo, en el siglo pasado”. El problema es que la tumba de Nefertiti aún NO ha sido descubierta. Es un error que arrastramos desde los tiempos de la Comisión, un lapsus de Gorrochategui que confunde a Nefertiti con Nefertari. Y, por ser más exactos, el descubrimiento de la tumba de la Nefertari es A PRINCIPIOS del siglo XX, concretamente en 1904, a cargo del egiptólogo italiano Ernesto Schiaparelli.
Lo que sí se descubrió, igualmente a principios del siglo XX, exactamente en 1912, fue el famosísimo busto de Nefertiti, por parte del egiptólogo alemán Ludwig Borchardt. Ambos hitos arqueológicos: el descubrimiento de la tumba de Nefertari y el del busto de Nefertiti causaron un verdero impacto, tanto en la comunidad científica como en la ciudadanía de principios del siglo XX, desatando una nueva egiptomanía, como ya había pasado en los tiempos de Roma, por cierto.
De nuevo, alguien (se) confunde, omite u olvida y se construye un relato que, como en la técnica del “teléfono descacharrado” se amplifica y se reitera ad nauseam y donde la sombra de la manipulación de datos asoma su fea cara.
(Véanse las inscripciones veleienses con la mención a NIIPIIRTITI NIIPIIRTATI HAMSII en la figura 7, a NIIFIIRTITI en la figura 8 y los jeroglíficos que correspondían a las reinas Nefertiti y Nefertari, respectivamente, en la figura 9).
Imágenes tomadas de la web geostraka.eu
Ilustración tomada de: Thomson, 2013: Niifiirtiti, Niipiirtiti, Niipiirtati: la escritura de Nefertiti. https://www.amaata.com/2013/03/niifiirtiti-niipiirtiti-niipiirtati.html
Rodrigo Alfonso de Logroño
SOS IRUÑA-VELEIA
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