29 diciembre 2014

Una nueva interpretación del veleyense que otrora se llamara Emo.



Aquí estoy de vuelta y a la carga con aquel posesivo apocopado de Iruña-Veleia, como hace un año por estas alturas, aunque esta vez es otra palabra la que me ocupa la cabeza en estos días navideños, una palabra ciertamente también posesiva a más no poder que además iría precedida por aquel posesivo apocopado.

Ahora es un tal Emo quien ha de sufrir las consecuencias de mi dispara[ta]da imaginación. Un emo que en realidad no se llamaría Emo, sino Rea y Riamo. Si ésta (mi imaginación) es solamente disparada o también disparatada, sólo el Tiempo lo dirá, el único que hasta ahora me consta que sabe poner todas las cosas en su sitio aparte de dedicarse entre ratos a comerse a sus hijos habidos con Rea; por el momento pretendo simplemente tentar ánimos mediante la tal vez disparatada propuesta interpretativa de un par de grafitos de Iruña-Veleia que a continuación compartiré con vosotros, lectores pensantes, ya que me interesa muchísimo vuestra opinión. 




En esta pieza creí yo haber encontrado un nombre propio Emo escrito Emu: ello podría tener dos explicaciones. La primera, que se hubiera tratado de escribir la terminación de acusativo -um pero no se hubiera escrito la -m porque no se pronunciaba desde al menos el siglo III, como es sabido (así lo prueban las inscripciones arcaicas y así nos lo corroboran Quintiliano y otros gramáticos) (1); la segunda, que se hubiera tratado de escribir la terminación de nominativo –us en lugar de la oblicua –o que era la común en esta época en el latín hablado, y que aparece masivamente en los grafitos de Iruña-Veleia, debido a la así llamada invasión del acusativo, que ya en el siglo III era un hecho, tal y como he deducido de mi estudio de los grafitos veleyenses y a la vez de la información que aportan los datos relativos al latín vulgar con los que contamos hoy día (en Pompeya, s. I. d.C., es decir, dos siglos antes, ya se documenta el uso del acusativo en lugar del nominativo, y también la hipercorrección igual a la que habría en Emu de emplear una terminación –u en lugar de –us y de -um). (2)

Así, en su momento (concretamente en mi informe sobre el latín de los grafitos de Iruña-Veleia) defendí que Emo sería un nombre propio, seguido de, al parecer, el de Remo (que podría referirse al Remo legendario, hermano del fundador de Roma, y quizás por eso aparecería también la palabra Roma en el óstracon; Remo podría ser, por el contrario, por qué no, otro nombre propio sin conexión alguna con el hermano de Rómulo).

Me pareció en aquel entonces leer el mismo nombre Emo en otro grafito de difícil interpretación, el nº 12049, en donde aparecería precedido del supuesto adjetivo posesivo apocopado:



Traduje el texto IN VAL / MIIM EX / SVIIMO / RIAMI / RIIA de la siguiente manera: “A la memoria (in mem[oriam]) de Val(erio/a?) de su Emo (y de) Rea (hija) de Riamo.” Es decir, se trataría de una suerte de epitafio doméstico dedicado a alguien cuyo nombre comenzaba por Val- por dos personas, Rea la hija de Riamo y un tal Emo. Y entendí que Emo debió de ser alguien importante o al menos cercano para la persona fallecida a la que se dedicaba este epitafio improvisado, ya que decía de sí mismo ser “su Emo.” Es por este grafito que apunté la posibilidad de que ya en el siglo III existiera el posesivo apocopado su junto a suo. (3)

Es llamativo, por cierto, que en esta inscripción (si la traducción es la correcta) encontramos un ejemplo de giro preposicional con ex referido a una persona en el lugar de un giro con la preposición ab que se analizaría como un ablativo de procedencia “desde”, “de,” “de parte de:” el latín clásico construiría este complemento con ab y no con de o ex. Las tres preposiciones significan “desde,”y las tres se colocaban antes de ablativo, pero existe un matiz diferenciador entre ellas: ab indica “desde el punto de partida” y ex “desde dentro hacia fuera”, mientras que de indica por lo general movimiento desde arriba hacia abajo, literalmente (cf. descender, decapitar), y, figuradamente, también movimiento de más a menos (decelerar) o de mejor en peor (decadencia, decrepitud), aunque no necesariamente, significando también lisa y llanamente “desde:” delicia, delimitar. No ha dejado nunca de adquirir connotaciones (demandar, degenerar). Indica también falta o ausencia (deficiencia, defecto, demente). Pero lo que en latín clásico no se hacía era usar ex referido a una persona, sino que se empleaba ab, ya que sólo en un caso sale alguien de otro alguien, y es en el caso de la madre y el hijo, para cuya expresión se empleaba el genitivo de filiación. El uso de ex referido a una persona para indicar “desde” es un error análogo al típico del euskera “mediku-tik” (nondik?) por la forma correcta “mediku-arengandik” (norengandik?). Se trataría, por tanto, de un uso vulgar del ablativo de procedencia referido a una persona, en este caso de la procedencia de la dedicatoria post mortem escrita a un ser querido o cercano.


Volviendo a las personas de carne y hueso que nos ocupan (para algunos y algunas queridas y cercanas), para suponer la existencia de esos tal Emo y Rea, hija de Riamo, que dedicaron al fallecido o fallecida aquellas palabras in memoriam, me basé en otras dos piezas veleyenses en las que encontraba esos nombres: una es la de la fotografía más arriba adjuntada, en la que se lee Emu junto a las palabras Remo y Roma, y la otra es la nº12099, que parece ilustrar un árbol genealógico según el cual efectivamente existiría un tal Riamo que sería padre de una tal Rea (4), la cual, en el momento de la manufactura del árbol genealógico, era tan sólo un bebé (por lo que habría que suponer que este grafito fue realizado años antes que el nº 12049):



A partir de aquí, ya entrados en escena los personajes de que se trata y conocidos los grafitos en los que aparecerían, sólo me queda compartir mi nueva propuesta interpretativa con el propósito de conocer otras opiniones y en base a ellas [tal vez] darla por disparatada y olvidarla para siempre… o no.

Resulta que me pregunto si Emo no será en realidad un sustantivo de semántica altamente posesiva, creado a partir del verbo emere, “comprar”, con resultado *emus y significado “el que ha comprado,” aquí escrito emu y no emus ya sabemos por qué, que existiría en el castellano como amo con un cambio vocálico tal vez motivado por la ē larga del perfecto de emo (ēmi) o la de su sinónimo ēmercor, de tal modo que la palabra fuera *ēmus (*ēmo en el latín hablado), si bien la e breve estaba más próxima a la articulación de a que la ē larga, por lo que podría haber habido meramente una confusión de a con e breve en una palabra *emo. De hecho, existen sustantivos en latín clásico procedentes de emere que podrían tal vez apoyar la creación de un ¿vulgar? *emus: emacitas (“manía de comprar” o como diríamos hoy día “consumismo”), emax (“aficionado a comprar” o “consumista”), emptito (con el infijo frecuentativo –t-: “comprar a menudo”), emptor y emptrix (“comprador, -a”), emptio (“compra, adquisición”), a las que habría que añadir las procedentes del griego emporium (“mercado”) o emporos (“mercader”). Así, el emus sería una palabra familiar para designar al que ha comprado, entendiéndose especialmente que ha comprado un esclavo, y sería precisamente el esclavo el que le llamaría familiarmente de tal modo, habiendo pasado esta palabra al castellano significando “amo”, “dueño.” (¿?)

La etimología que suele darse para esta palabra castellana “amo,” cuya definición siempre tiene que ver con la idea de posesión o propiedad (5), la hace proceder, como al amor, de un vocablo latino-hispánico del siglo XIII amma que significaría “nodriza”, (no me convence en absoluto, la verdad, pues no veo la necesaria relación entre una nodriza y la posesión), vocablo que por tanto habría sido en principio estrictamente femenino y sólo posteriormente habría desarrollado una forma masculina amo;  a su vez amma (“nodriza”) procedería de una raíz indoeuropea *h3mh3- (o más pronunciable *amma), “tomar posesión”, relacionada con el griego antiguo omnymi (“jurar”) y el sánscrito amīsi “tomar posesión,” del que vendrían las palabras madre (y mamá) y amar y  por tanto también el amor, y mama y amamantar (y mamón). Me ahorro los comentarios que escupiría aquí acerca de la tendencia posesiva –llamémoslo así- al parecer inherente al ser humano de tipo homo non-sapiens (especie abundantísima y antiquísima y primitivísima), (o mamón en su denominación no científica), de relacionar los conceptos “amor” y “tomar posesión.”

Habría que aceptar para defender esta etimología de la palabra "amo" que por algún motivo ha habido un cambio vocálico e > a en esta palabra. Un cambio vocálico inverso a > e lo encontramos, por ejemplo, en la palabra neto del grafito n. 13380 (SAMVIIL IIISVS NIITO, Samuel Iesus neto, “Samuel nacido de Jesús”), por nato (natus), en donde observamos además un genitivo vulgar en Iesus, que, al ser un nombre exótico (y bíblico), no recibía terminación de genitivo manteniéndose como palabra invariable (6).

Esta pronunciación a > e era característica del habla vulgar, pues el gramático Consentius denunció en el siglo V precisamente este cambio vocálico como barbarismo o vicio de la plebe romana: “Per immutationem fiunt barbarismi sic: litterae, ut si quis dicat bobis pro uobis, peres pro pedes, stetim pro statim, quod uitium plebem Romanam quadam deliciosa nouitatis affectione corrumpit.” (7)

¿Se daría también el cambio inverso, e por a, en el habla vulgar, de modo que emo haya pasado a ser amo?

Y sí, el emus o “amo” aparecería en el texto precedido de un adjetivo posesivo apocopado, entonces, (su emo), ya que irremediablemente se es amo de alguien o de algo, o si no no se es amo y todos son libres y no hace falta que existan ni siquiera los adjetivos posesivos, ni totales ni apocopados, y punto. Y la nueva traducción que propongo es, por tanto, la siguiente:

IN VAL / MIIM EX / SV IIMO / RIAMI / RIIA (In Val (¿erii/eriae?) mem(oriam)  ex / su emo / Riami / Rea, “A la memoria de ¿Valerio/a? de su amo  Rea (hija) de Riamo” ( “de parte de su amo Rea (hija de) Riamo”).

El sustantivo sería, así, masculino, aunque pudiera referirse a una mujer, como es el caso de este grafito, en el que el amo que dedica el epitafio al fallecido es Rea. Sólo después se habría creado el sustantivo femenino ama a partir del masculino, al contrario de lo que defiende la etimología al uso de esta palabra (cf. nota n. 4). Sería, en fin, algo parecido a lo que ocurre actualmente con el término latino medicus (por volver a utilizar esta palabra como ejemplo), que se emplea tanto para un médico-hombre como para una médico-mujer (aunque no tardarán los hablantes –los creadores de la versión vulgar o no estandarizada de la lengua- en decir médica al igual que ya dicen -o decimos, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra- abogada, jueza y presidenta y así como en algún momento se habría empezado a decir ama).

Una vez me he abierto a la posibilidad de que la palabra “amo” haya sufrido un cambio vocálico e > a, me pregunto asimismo si el Remo que aparece junto a Emu en el grafito n. 11433 cuya fotografía he adjuntado al comienzo de este post no debería entenderse como un error en la escritura de un hiato que podría sonar extraño por ser extranjero (¿céltico?), y si debería entenderse que Remo no es otro que el mismo Riamo, el padre de Rea que aparece en el stemma familiar, es decir, el amo (o emo) de todos los esclavos: de los suyos y por ser el pater familias también de los de su hija Rea, también por ende del que murió y a quien su amo Rea de Riamo dedicó su epitafio casero n. 12049 y cuyo nombre comenzaba por Val-. En el grafito n. 11433 tendríamos, entonces, una marca de propiedad en caso oblicuo y no en genitivo: "Amo Riamo."

Propongo esto apoyándome en el siguiente dato: si es cierto que estas personas eran de origen céltico, tal y como lo sugieren sus nombres, podrían escribir la i como una e tal y como se observa en los grafitos galos de La Graufesenque (tipo pariat por pareat) (8) de modo que tal vez habría que entender que incluso Rea, la hija de Riamo, no se llamaba en realidad Rea sino Ria (con una lógica relación entre los nombres de padre e hija), mas fue escrito Rea debido a esta confusión (sólo aparece una vez este nombre en Veleia, en el stemma familiaris del grafito n. 12049).

Obsérvese que en el grafito n. 11433 la e de emu(s) y de Remo (=¿Riamo?) es la e arcaica de dos barras (II), mientras que en el n. 12049 encontramos de nuevo la II arcaica en emo (IIMO), pero no así en RIAMO, escrito R-i-a-m-o, ni en la preposición latina ex en donde es la epsilon griega (E) la e que se grabó, que quizás aquí notaría una e breve y por tanto habría querido ser distinguida del otro sonido diferente por estar en hiato /e/.

¿Suena muy disparatado? ¿O nos encontramos ante la primera vez que se documenta la palabra amo en lugar del clásico dominus (aparte de la primera vez también de un posesivo apocopado?) (¡!) Espero vuestros comentarios, lectores pensantes.
            



(1) La pérdida de la -m dejó un rastro nasal que los antiguos llamaban "nueva letra" o "letra peregrina":

Quintiliano, Inst. 9, 4, 40: “Atqui eadem littera [m], quotiens ultima est et uocalem uerbi sequentis ita contingit ut in eam transire possit, etiam si scribitur, tamen parum exprimitur, ut ‘multum ille’ et ‘quantum erat’, adeo ut paene cuiusdam nouae litterae sonum reddat, neque enim eximitur, sed obscuratur.”

Según Velio Longo, el sonido nuevo resultante de no pronunciar -m se oía también ante consonante:


“Nam quibusdam litteris deficimus, quas tamen sonus enuntiationis arcessit, ut cum dicimus ‘uirtutem’ et ‘uirum fortem consulem Scipionem’, peruenisse fere ad aures peregrinam litteram inuenies.” (Keil, Grammatici Latini, Leipzig, 1859, vol.VII, 54.2-6)
 
 
  
(2)     Pompeya:


a) Acusativos (en caso oblicuo –o) en lugar de nominativos (-us):



CIL IV 6853, VI, 16, 29: XVI K(ALENDAS) FEB(RVARIAS) COCO VENIT (y no coquus-por no hablar aquí ni ahora de lo significativo de la falta de ortografía de c por qu-: “El 17 de enero vino el cocinero”).

CIL IV 4257, VI, 2, 5: VICINOS FVGITIVOS (y no vicini fugitivi), ejemplo idéntico en el plural.
CIL IV 8457, II, 2, 5: SATVRIO FAMELICE (en este caso en lugar de vocativo -e, como en famelice: “Saturio, muerto de hambre”).


b) Terminaciones (hipercorrecciones) en –u por –us (o -um, invadiendo el acusativo al nominativo):

CIL IV 5251, IX, 9, 11: CVLV

CIL IV 7533a-y, II, 2, 2: PATROCLV (error en realidad por Patroklos -y no Patroclus-, siendo un nombre griego)

CIL IV 8897, III, 5, 3: NYPHE FVTVTA AMONVS FVTVTA / PERENNIS FVTVTV ("Nyphe jodida, Amonus jodida, Perennis jodido") 



Según Cicerón (Orat. 161) la supresión de –s era un vulgarismo de la lengua hablada (subrusticum), y sabemos que su uso fue restaurado en tiempos de la República en un movimiento de estandarización (Quintiliano -9,4,38- muestra en un pasaje la controversia acerca de en qué circunstancias debía ser articulada en posición final); J.N. Adams (Social Variation and the Latin Language, Cambridge University Press, 2013. pp. 132-147) concluye en base a una exhaustiva observación de los datos que debió ser restaurada sólo después de vocal breve (como en el caso del nominativo masculino -us). La cuestión, como señala él mismo, es si esa restauración llegó a todos los niveles sociales o solamente a los mejor educados, y también si fue igual de efectiva en todos los rincones del imperio.

 

(3)     Y, más tarde, en este mismo blog, propuse la posibilidad de que el posesivo apocopado apareciera también en otro óstracon: 

(4) El antropónimo Riamo, al parecer céltico,  está documentado en epigrafía romana:
CAG-01, p 41; EDCS-ID: EDCS-41900856; Andert-et-Condon, Ambarri, Lugudunensis:

D(is) M(anibus) / Bellici[3] / vi[3] / OI[3] / POE[3] / RIAMO[3] / vira matri / pientissimo (!) / [3]m ded/[icavit(?)

Por lo que respecta a Rea, es conocido como teónimo desde los primeros textos europeos de Homero y Hesíodo, tratándose de la diosa y esposa del dios del tiempo Chronos (Saturno en latín), y cuyo significado estaría relacionado con el verbo griego “fluir” (rhéo), constituyendo así marido y esposa una pareja ineludiblemende huidiza.

(5)


a) Wiktionary.org:

–Hombre que está a la cabeza o a cargo de algo, especialmente de una casa, hacienda o familia.
-Hombre que posee o es dueño (tiene potestad y autoridad sobre) algo.
-Respecto de sus criados o esclavos, hombre que era su propietario.
Uso: se empleó también como vocativo dirigido al señor o a quien se quería manifestar sumisión.
-Persona con gran influencia o predominio sobre otra u otras y sobre cuya voluntad puede mandar.
-Hombre encargado de administrar una hacienda (capataz, mayoral) o de cuidar a los niños (ayo) de una familia pudiente.


b) RAE:

(de ama):
-Cabeza o señor de la casa o familia.
-Dueño o poseedor de algo.
-Hombre que tiene uno o más criados, respecto de ellos.
-Persona que tiene predominio o ascendiente decisivo sobre otra u otras.
-A veces como tratamiento dirigido al señor o a alguien a quien se desea manifestar respeto o sumisión.
-Mayoral o capataz.
-Ayo.



(6)  “Sucede que un nombre que toma una forma dada de una manera más o menos constante, queda fijado en esta forma.”Löfsted, Late Latin, 131-138.


“En las inscripciones de la época imperial, el nominativo tiende a convertirse en una especie de forma básica, sobre todo en nombres propios, una vez que la cohesión de los grupos nominales no exige ya el acuerdo de los componentes.” V.Väänänen, Introducción al latín vulgar, Gredos, Madrid, 1988, pág. 207 (cf. József Herman, Recherches sur l’evolution grammaticale du latin vulgaire: les emplois “fautifs” du nominatif, en Acta Classica, Univ. Scien. Debrecen, II (1996), 109-112).

Con respecto a los nombres exóticos o bíblicos tratados como palabras invariables (aunque en la cita se refiere a los giros preposicionales):

El giro preposicional era un cómodo expediente cuando se trataba de nombres propios exóticos (indeclinables), como sucedía mucho con los nombres bíblicos, lo cual ha tenido que favorecer el uso de la expresión analítica: dixit ergo ad Ioseph, locutus est ad Noe, etc.” Veikko Väänänen, op.cit., págs. 200-201.

Por otro lado, La forma netus por natus está extensamente documentada en epigrafía romana en nombres compuestos: 

AIIRoma-02, 00054 = AE 1977, 00075: D(is) M(anibus) / Eusynetus / Pithano / amico / carissimo

AvPergamon 00014=AE 1933, 00281:[L(ucius) Didius Marinus et Aris]tanetus lib(ertus) (…)
CEACelio 00097 = AE 2001, 00313: (…) l(ibertus) Epaenetus / [3] libertisque suis (…)
CIL 02-05, 00255 = CIL 02, 01648; Cerro de las Cabezas, Baetica: (…) Porcius Eu[gnetus] (…)
CIL 04, 001474 = GraffPomp 00405; Regio I: (…) Aptonetus / lib(e)r(tus) XVI / p(eriit)
CIL 06, 06823; Roma: ] / L(ucius) Valerius / Diognetus et / Valeria / Callityche f(ecerunt) (…)


(7) Keil, Grammatici Latini, Leipzig, 1859; vol. V, (392.14 -17).


(8) "In Gaulish short i is attested as opening to e in final or unstressed syllables." J.N. Adams, Social Variation and the Latin Language, Cambridge University Press, 2013, pág. 56. (El ejemplo pariat por pareat lo he tomado de la misma fuente).