13 octubre 2015

La ciudad perdida - por Davide di Paola


Carta al director del Diario de Noticias de Álava (Sábado, 10 de Octubre de 2015)


El autor, Davide di Paola, es Presidente de la Junta Administrativa de Trespuentes, y es además testigo directo de todo lo que rodea el yacimiento de Iruña Veleia a nivel administrativo.
No es su primera carta de opinión sobre el asunto de Iruña Veleia. Escribío ya una el 26 de noviembre 2008 con el significante título 'El estiércol y los diamantes de Iruña-Veleia' donde apoya al equipo de Lurmen, y sugiere que el asunto 'huele mal'.

Han transcurrido ya siete años desde aquella bochornosa lapidación mediática a la que fueron sometidos los responsables del yacimiento e Iruña Veleia ha caído en el olvido y en la dejación.

Los inquisidores se mostraron inclementes y les imputaron por haber querido derribar dogmas consagrados, les arrebataron el alma y los abandonaron a la indiferencia. Yo mismo tardé unos cuantos días en reaccionar, pues los engendros que retrataban en algunos medios no eran ni el reflejo de las personas que creía conocer.
Las instituciones se dejaron persuadir por los demoledores informes de unos poco eruditos. Pero su contenido con el tiempo fue perdiendo su perspicacia, credibilidad y objetividad. Resultó que algunos hechos insostenibles podían tener un respaldo y lo que en un primer momento se reveló como un incuestionable fraude quizás no lo fuera, quedando todo a la espera de la vía judicial. Por desgracia, esta opción no implica justicia y lo más probable es que el magistrado de turno proceda, como Poncio Pilato, archivando un asunto que nunca debía haber sido judicializado.

Si hubiese prevalecido el debate científico en lugar de las disputas profesionales y otros intereses encubiertos, este yacimiento -con o sin sus palabras en euskera- podría significar un impulso importante para la menguada economía del municipio y, sobre todo, una razón de orgullo para todos nosotros.


Nosotros, que de eruditos no tenemos nada, siempre hemos defendido la solución más sencilla, el arbitraje de universidades extranjeras que procedieran a realizar unos sencillos ensayos científicos sobre algunos hallazgos.
Mientras tanto, a la espera de que la sensatez vuelva a asomar por estos bellos parajes, recolectaré las bayas de los endrinos y las dejaré macerando en orujo blanco, y en primavera brindaré por Veleia y por sus tesoros escondidos.