24 febrero 2021

Iruña-Veleia: «Alguien ha hecho algo»

 Artículo de opinión de Gontzal Fontaneda 

Así se resumen las dos sentencias de Iruña-Veleia, la del juicio y la del recurso que presentó Eliseo Gil. Aunque ambas lo condenan, basta leerlas para ver que no hay ninguna prueba fehaciente ni de falsificación ni de falsificador. (Las citas pueden verse en los cuadros y en la bibliografía de https://www.veleia.fontaneda.net)

Las sentencias basan la falsificación en un informe del IPCE (Instituto del Patrimonio Cultural de España). Estudia 36 piezas de cerámica, analizando solamente la superficie (cuadro 7), donde puede haber de todo: cerámica, costra, grafito, rastros de todas las contaminaciones, las del enterramiento, las de las labores de la extracción, las de la limpieza y las de al menos siete entidades que han tenido algunas piezas en sus manos.

Además, dicho informe no es fiable. Por ejemplo, califica el grafito de la pieza 15920 (cuadro 7) como «grafito contemporáneo» (o sea, falso) porque hay «partículas de acero inoxidable en el trazado del texto»; pero confiesa que «es posible que las partículas de acero hayan sido introducidas durante el proceso de limpieza», y propone esta investigación adicional (cuadro 10), «dadas las incertidumbres que presenta la pieza, puede ser de interés proceder a la retirada controlada de las costras para verificar de forma inequívoca la presencia o ausencia de texto bajo la misma».

Es decir, tiene «incertidumbres», «es posible» que no sea como decía, pero no modifica la calificación y sigue pontificando que el grafito es «contemporáneo». ¡Este informe es la base!

Basándose en la falsificación inventada por ese informe, las sentencias condenan a Eliseo Gil, ya públicamente «condenado» durante doce años. Pero basta leer la sentencia del juicio para comprender que no hay falsificador: la sentencia declara (cuadro 11) que «no ha resultado probado suficientemente que él mismo (Eliseo Gil) hubiera realizado de propia mano los grafitos». Puesto que no ha sido «probado suficientemente», no los ha falsificado Eliseo Gil.

Después (cuadro 11) pretende dar el argumento estrella: «el citado acusado es el sujeto de la propia acción, aun cuando no haya realizado los grafitos por propia mano». Al no haberlo hecho él mismo porque «no ha resultado probado», habrá que inventarse unos cómplices; «inventar», porque no ha encontrado ninguno: afirma y lo repite diez veces que Eliseo Gil realizó los grafitos «bien por sí o bien por medio de terceras personas».

Pero nunca identifica a esas «terceras personas», y eso que han tenido doce años para identificarlas y procesarlas. Sencillamente, no tienen nombre y apellido, esas «terceras personas» no existen. Las dos sentencias en realidad lo que prueban es que nadie, ni Eliseo Gil ni ninguna otra persona, han falsificado los grafitos.

Eliseo Gil defiende su dignidad y su inocencia, y se propone presentar un nuevo recurso. Si se lo admitieran, podrían por fin leer bien las sentencias anteriores.

Hasta ahora ya se han perdido doce años en el proceso. Sin embargo, el único modo de dirimir este asunto es la Ciencia, practicando los análisis específicos con el fin de averiguar cuándo han sido grabados esos grafitos, y poniendo en marcha una excavación controlada para ver si aparecen más grafitos o no. Así de sencillo sería «saber la verdad»; pero la Audiencia, el Juzgado, la Diputación, el Gobierno, la Universidad llevan estos doce años negándose a ello, y los defensores de la ciencia y de la cultura vasca (Euskaltzaindia, Aranzadi, Eusko Ikaskuntza, Jakiunde) mirando para otro lado.

¡Pobre Euskal Herria!

19 febrero 2021

Un análisis simple* en una empresa de nanotecnología muestra que hay presencia de metales en las superficies y en las ralladuras de cualquier pieza cerámica.

 *Observación y fotografía con SEM-microscopio electrónico de barrido JEOL, JSM-5900LV y análisis cualitativo mediante microsonda de rayos X, por el método E.D.S.

 

 Harto de hacer sugerencias y de “tocar puertas” a profesores de universidad (que, en cuanto oyen Iruña-Veleia, dicen “estar muy ocupados”), he decidido hacer motu propio (burujabe) un encargo a un centro tecnológico, una empresa de nanotecnología de Navarra que trabaja en metalografía industrial y otros materiales en mecatrónica.

Vanitas vanitatis, buscaba que alguien hiciera un pequeño ensayo experimental doméstico: poner cuatro y cinco objetos cerámicos bajo un potente microscopio electrónico y observar y comprobar si había en su superficie restos de metales modernos; y en caso afirmativo, analizarlos, medirlos. Tan sencillo como eso.

Previamente, recogí media docena de fragmentos de cerámica “antigua” (lo reconozco: no los recogí en Iruña-Veleia ni en sus proximidades, no me permiten desplazarme). Algunos fragmentos cerámicos eran de superficie lisa o con molde, con barniz o más ásperas, con ralladuras y desgastes;  algunas las lavé un poco en el grifo de la cocina, sobre otras paseé varias veces un calibrador y froté una cuchara y un tenedor que tenía a mano y dejé se secaran en un bol cromado… Sobre la pieza nº 4  -solo una y apartada del resto- tracé varias aspas con la punta de un  destornillador. Y la pieza 3 ni la lavé ni la toqueteé.

 



 

 


 

A los días, ya tenía el resultado del análisis (gracias, Jose María; nos has atendido con paciencia y profesionalidad. Te explicamos a nuestra manera qué pretendíamos ensayar; tú captaste rápidamente la idea, comprobaste que iban numeradas las piezas pero sin más información y nos expusiste cómo lo abordarías técnicamente y en qué plazos;  nos diste un presupuesto, acordamos… y voilà.

Estos son los resultados:

 

 

Superficie cerámica nº 1: (Que había estaba depositada en un bol cromado) se detectan “partículas más o menos escasas de naturaleza metálica, con presencia de manganeso, circonio, cromo y níquel asociados al hierro (no oxidados) y alguna de acero inoxidable...

Medidas: 42x24 micrómetros, 92x82, 52x34, etc.

 

Superficie cerámica nº 2: (A húmeda y B seca): (sobre las cuales paseé unas tijeras, un calibrador, etc): presencia de estaño, plomo, fósforo, cerio, titanio, hierro, circonio, gran presencia de manganeso.

Medidas: 17x17 micras, 35x20, 20x20, 24x16…

Nota: Micrómetro, micrón o micra.

 

Muestra cerámica nº 3: (estaba tal cual recogí del suelo). Escasísima presencia de partículas, principalmente de hierro, alguna de plomo y estaño. 

Medidas: 35x25,  17x14, 8x8

 

Muestra nº 4: (cerámica sobre cuya superficie tracé suavemente varias aspas con la punta de un destornillador). Bastante partículas en general con una gran aglomeración en las zonas de rayas) casi exclusivamente virutas de hierro. 

Medidas: 50x22, 54x45, 55x33…

 

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Repito para se me entienda bien: esto no pretende ser un documento científico, no rebate nada, porque, como digo, ha sido un ensayo para uso y consumo “doméstico”.

A nosotros nos vale. Y mucho.

Nos vale para convencernos y tratar de mostrar (pedagógicamente) que la presencia de metales modernos en las cerámicas de Iruña-Veleia no es prueba “científica” de falsedad, aunque así lo haya aceptado la Magistrada de lo Penal y ahora lo han vuelto a aceptar los tres Magistrados de la Audiencia Provincial de Álava. Consideran que "los dos informes del examen pericial del IPCE son definitivos para probar la falsedad de los grafitos…";  que (IPCE) "ha tenido en cuenta  el instrumental usado en el lavado"… "que ello no explica la presencia de metales"…y que por tanto la presencia "ha de ser atribuida al instrumento usado para la ejecución de los surcos".

Parece una generalización apresurada o, en lógica, una inducción indebida atribuir necesariamente al "instrumento usado"...cuando partículas de metales están omnipresentes en nuestras vidas y en nuestro entorno.

Como muestra, un botón:

 

Eso en las aguas del Zadorra.

¿Y en el aire? No tengo ni idea sobre peso, volumen, composición de partículas suspendidas en el aire, en aerosoles, polvos… sé que pueden tener entre el 0,005 y 100 micrómetros o micras, casi siempre son menores a 40 micras. He leído que los granos de polen tienen unas 20 micras de media.

Para comparar: los informes del IPCE hablan de partículas metálicas, casi todas menores a 10 ó 20 micras. ¿Y dicen estar seguros de que han de proceder del objeto ejecutor de la supuesta falsificación? Sus señorías, que en la segunda sentencia apelan al sentido común, desde su sentido común, ¿No han contemplado, siquiera como posibilidad, como variable a tener en cuenta, como duda, que esas partículas puedan provenir (pueden) de la atmósfera industrial donde está el yacimiento, o del agua que se ha utilizado en el lavado, del contacto con la tierra agrícola...?

¿Cómo atribuir carácter científico a un estudio que no ha utilizado ningún grupo de control?. El grupo ciego de control (el del elemento placebo) es básico en ciencia (lo oímos todos los días de las boticas para el COVID).

¿Cómo es posible atribuir carácter científico a un método no validado? (¿Aceptaríamos que nos retiraran el carnet de conducir cuando dicen haber medido la velocidad con un "instrumento nuevo de medir" utilizado por primera vez y no validado?

 

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Vale. Los jueces no tienen por qué entender de métodos científicos pero ¿Nuestros ilustres doctores en ciencias empíricas callan y no han mostrado su contrariedad y su malestar por una condena en base a una prueba, al menos dudosa científicamente?.

 

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Mi tímido ensayo no demuestra nada, sólo muestra dos cosas, relevantes: 1/: que "lo que dice probar IPCE es una prueba no validada, no fiable y 2/: que sí, que es posible, que es verosímil que esas partículas procedan de la contaminación ambiental, o del calibrador, incluso (si me apuran) del propio soporte del microscopio.

Nos toca desmontar esta falacia sin seguir esperando a “mañana”. Con estos flejes, ¿Es impracticable un estudio científico y riguroso (método validado, falsable, repetible, con grupo de control, cumpliendo con las exigencias de cualquier estudio empírico)? ¿Que para qué, si ya es tarde para llevárselo a los jueces? Valdrá para, al menos, mostrárselo a la opinión pública que es quien paga todo este enredo que dura ya demasiado.

Osasuna. Salud.