14 enero 2019

Fallecimiento de Javier de Hoz, un monumento de los estudios paleohispánicos

Copio parte del artículo sobre el profesor Javier de Hoz de la página Hespería, Banco de Datos de Lenguas Paleohispánicas, relacionado con la muerte de su fundador.

https://www.ucm.es/dialectos-griegos/javier-de-hoz-bravo



"La familia paleohispánica se encuentra de luto por el fallecimiento de Javier de Hoz (1940-2019)

La familia paleohispánica se encuentra de luto. Javier de Hoz, nuestro maestro, compañero y amigo, acaba de fallecer en Madrid a los 78 años de edad, dejándonos a todos sumidos en una profunda tristeza y un desconsolador sentimiento de orfandad. Hace escasamente siete semanas lo habíamos tenido con nosotros en Vitoria, algo doliente por su enfermedad, pero lúcido como siempre y especialmente contento por encontrarse rodeado de los miembros de esta pequeña familia paleohispánica que él directa o indirectamente ha logrado crear en los últimos cuarenta años. Pudimos comprobar su satisfacción al ver que por fin se iban tomando decisiones para la celebración del próximo Coloquio de la disciplina en Loulé (Portugal) y su inquebrantable ánimo por continuar con sus investigaciones sobre la epigrafía meridional y del suroeste peninsular a fin de culminar la parte correspondiente del Banco de Datos Hesperia.
Javier de Hoz (Madrid 1940) fue catedrático de Filología Griega, primero en Sevilla (1967?), luego en Salamanca (1969) y finalmente en la Universidad Complutense de Madrid (1990), de la que pasó a ser profesor emérito en 2010. Como filólogo griego se interesó por la literatura, especialmente por la literatura arcaica griega y por el teatro, en cuyo análisis aplicó de manera novedosa los principios del estructuralismo. Pero no era un hombre de horizontes limitados, de modo que sus ámbitos de interés alcanzaron campos muy extensos, como la epigrafía de muchas lenguas antiguas (ya que para él la epigrafía no quedaba reducida, como para muchos profesores titulados de esta materia, a "epigrafía latina"), la numismática, la edición filológica de textos, la lingüística histórica, la arqueología y demás ciencias auxiliares de la historia o la filología. Todas estas disciplinas, abordadas con un espíritu integrador heredero de la noción wilamovitzana de Altertumswissenschaft, las utilizó con un arte y naturalidad incomparables en el estudio de las antigüedades hispanas, es decir, en el campo de la paleohispanística.
Aunque sus primeros trabajos de investigación fueron dedicados mayoritariamente a cuestiones de literatura griega ­­–ámbito en el que dirigió la tesis de muchos discípulos en Salamanca–, desde muy pronto sintió interés por las lenguas, la epigrafía y la cultura de las lenguas prerromanas de Hispania. Ahí están sus primeros trabajos sobre hidronimia antigua europea, en la estela de Krahe, o sobre ciertos grafitos de Huelva, que le llevaron a entablar muy pronto una relación con J. Untermann. Su destino en Salamanca fue crucial para impulsar esta parte de su actividad investigadora, ya que allí se encontró con la presencia de Luis Michelena, un hombre de una enorme solidez científica como lingüista histórico y como especialista en lenguas prerromanas, tanto indoeuropeas como no indoeuropeas. Y en esa compañía sobrevino el hallazgo del gran Bronce de Botorrita, que revolucionó el panorama de los estudios paleohispánicos y de los célticos en particular, un tanto estancado desde la síntesis de Tovar de los inicios de los 60. En compañía de Michelena dedicó el primer estudio monográfico al bronce (1974), iniciando una trayectoria que lo conduciría en pocos años a convertirse en una referencia inexcusable en nuestros estudios. Ese mismo año se celebró en Salamanca el primer Coloquio de Lenguas y Culturas prerromanas de la Península Ibérica (denominadas paleohispánicas desde el III Coloquio en Lisboa) que se han venido celebrando sin interrupción cada cuatro años aproximadamente. En estos momentos Javier de Hoz ocupaba por méritos propios la presidencia del Comité Internacional de los Coloquios, después de Antonio Tovar y de Jürgen Untermann.
Al igual que los grandes maestros recién mencionados, Javier de Hoz tenía una concepción unitaria de la disciplina, cuya razón de ser estriba, por un lado, en que toda la epigrafía prerromana peninsular está redactada en una escritura (o en una familia muy estrecha de escrituras) que fue utilizada por lenguas de origen y filiación diferentes, y por otro, en que la mayoría de los textos indígenas, ya sean ibéricos o celtibéricos, son el resultado de la aculturación ejercida por las culturas y epigrafías clásicas griega o latina. Dedicó múltiples trabajos a cuestiones de escritura, especialmente a las fases más antiguas de la adopción en el horizonte tartésico y su evolución interna posterior, a las relaciones entre los diferentes sistemas, a la expansión de la escritura y presumiblemente de la propia lengua ibérica, que ideó como una expansión vehicular muy relacionada con su uso como lengua de comercio, combinando con maestría y elegancia análisis formales y nociones sociolingüísticas para ofrecer un sugerente panorama de la variedad y la unidad epigráfica y lingüística.

Se preocupó por cuestiones de lingüística, más de corte tipológico y formal en el caso ibérico, como es normal, y más de detalle en cuestiones de fonología o de morfología celtibérica, sin perder nunca de vista las coordenadas arqueológicas y el contexto cultural al que pertenecía cada uno de los textos que analizaba. Nunca jamás el lector tendrá la sensación de que Javier de Hoz está hablando de oídas o utilizando información de segunda mano, dado su amplísimo dominio filológico de la documentación. Y teniendo como puntos de anclaje su formación griega y su investigación paleohispánica hizo aportaciones notables también en campos relacionados con las lenguas del Mediterráneo, como el fenicio, el galo y algunas lenguas de Italia.
Siempre estuvo al tanto de los avances y las novedades científicas que se producían en la disciplina. En Salamanca era, sin duda, uno de los profesores más implicados en la compra de bibliografía internacional y en la renovación de los fondos bibliográficos del, por otro lado, excelentemente dotado Seminario de Clásicas. Consideraba imprescindibles las relaciones con centros de investigación prestigiosos del extranjero, de modo que desde joven visitó universidades alemanas, aprovechándose de una ayuda de la Fundación A. v. Humboldt, y realizó varias estancias largas en la Universidad de Cambridge (Mss.). Su perspicacia y voluntad por situarse a la vanguardia de la innovación le llevaron a la convicción de que una edición actualizada y renovada de las inscripciones paleohispánicas no era posible en los momentos actuales sin recurrir decididamente a los medios digitales de recopilación, análisis y difusión de la información. Así ideó la creación del Banco de Datos Hesperia sobre Lenguas y Epigrafías Paleohispánicas ya en los años 90, que se ha convertido desde su apertura al público en 2014 en un instrumento pionero para el estudio de dichas inscripciones y en modelo para otros proyectos similares sobre epigrafías y lenguas antiguas.
Al final de su carrera académica nos regaló a todos con una obra que solamente él podía realizar: una recopilación sistemática y ordenada de toda la documentación histórica, epigráfica y lingüística referente a las lenguas paleohispánicas, comentada y analizada desde las investigaciones más avanzadas y actualizadas. Me refiero a la Historia Lingüística de la Península Ibérica en la Antigüedad, cuyos dos primeros tomos salieron en 2010 y 2011 respectivamente, editados por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Madrid), y cuyo tercer volumen, dedicado al mundo indoeuropeo peninsular, tenía prácticamente terminado.
Hemos perdido no solo a un profesor empeñado en la dignidad de la docencia y a un investigador de amplios horizontes, extremadamente bien informado y dotado de un saludable sentido común, sino también a un hombre de un trato exquisitamente respetuoso con sus colegas –sobre los cuales jamás salió de su boca ningún comentario despreciativo– , en definitiva, a un aristócrata de espíritu, que concibió la vida como un ejercicio para la mejora personal a través del cultivo de las humanidades y de las personas que mejor las encarnaban.
Nuestro más sentido pésame a su desconsolada esposa, Mª Paz García-Bellido, su inseparable compañera en la vida y en los estudios, y a sus afligidos hijos.
Su recuerdo permanecerá para siempre en nuestros corazones."

http://hesperia.ucm.es/noticias.php?fbclid=IwAR0g4rI02xlildatM67ABl9lG5DveB-RVceBE8lL79kQa3sOXJzJiG1JCYA
(el negrito es mío)