Cuando huesos, pero aparentemente también ceramicas en algunas raros casos, se encuentran durante un largo plazo tiempo en el suelo en la zona de raíces, estas últimas pueden buscar en ellos humedad y minerales. Se ha efectivamente demostrado que las puntas raíces pueden crecer en la direcciones por donde ‘huelen’ el agua. Este proceso es conocido como hidrotropismo.

Por la acción de diferentes tipos de ácidos que son aportados por las raíces estos generan una erosión química en la superficie de huesos conocida como marcas de raíces. En algunos casos se han equivocadamente tomada estas marcas de raíces como dibujos paleoliticos, por ej. en el caso del yacimiento Shiyu, en China (R. Bednarik 2002, ver figura 1).

Fig. 1. Fragmento de hueso con supuestos grabados, que en realidad son marcadores de raices naturales, del yacimiento Shiyu, en China, c. 33,000 años BP.
Fuente: Bednarik 2002, Fakes and misidentifications

Fig. 2. Otro ejemplo de marcas de raíces en un hueso humanos, tal como esta utilizado en p. ej.
investigaciones forenses para estudiar el historial de un hueso (tafonomía). Este indicador demuestra que
un hueso ha sido enterrado o ha estado en contacto con el suelo.
«

«In this close-up shot, you can see the erosion and discoloration caused by roots. Root etching
is evidence that human remains were buried, or otherwise in contact with the ground.
(https://quizlet.com/12543528/taphonomy-flash-cards/)

La presencia de marcas de raíces (root marks, root eching en inglés) es muy común en las superficies de huesos arqueológicos, y también tiene sus aplicaciones en las ciencias forenses como indicador de que un cadáver ha estado enterrado durante un lapso de tiempo relevante. P.ej.

«Plant action can be extremely damaging to bone. Plant roots often adhere to bone surfaces and leave leave behind root etching – small groves formed on bone surfaces, where root acid has eaten away at the surface. (…) Plant roots also often infiltrate interior spaces of bones. These spaces (especially cancellous bone) can act as a moisture reservoir in soil and may be infiltrated preferentially by plant roots to obtain pooled water and dissolved minerals.» (Hard Evidence: Case Studies in Forensic Anthropology,ed. D. Wolfe Steadman)

En Iruña Veleia las encontramos en la mayoría de los huesos del sector 5 con inscripciones. En si demuestran que los huesos son antiguas y han estado enterrados no muy lejos de la superficie, pero cuando hay una interacción con las líneas de los grafitos es cuando son realmente muy importantes. La estratigrafía de dichas marcas de raíces puede dirimir el estatus de las inscripciones. Visto que los surcos de los grabados forman pequeñas entradas dentro del hueso, los raíces tienen una ventaja de utilizar los surcos por sus fines, y efectivamente encontramos indudables interacciones entre marcas de raíces y letras como en los siguientes ejemplos. 

Fig. 3. Hueso del Sector 5. «SIIRVIOTVLIO». Pieza 12292. Encontramos numerosas evidencias de marcas de raíces. La primera ‘V’ muestra una clara interacción entre la letra y una marca de raíz. La primera letra es completamente hueco, probablemente imposible de realizar en la actualidad, aparentemente disuelto bajo influencia de raíces (?).

Fig. 4. Pieza 12396. OVN MIA VINCIT / AMOR. Numerosas evidencias de marcas de raíces, de las cuales
algunas interaccionan con las letras, y admitirán establecer bajo microscopio una clara relación estratigráfica. Aparentemente hay marcas de raíces que tienen pátina y otras no. Parte de la superficie del hueso parece destrozada por las las raíces. Se observa también una interesante relación entre surcos llenos de depósitos y las marcas de raíces limpias, lo que nos hace pensar de que las marcas de raíces son posteriores al relleno de los surcos de las letras.

Fig. 5. Pieza 12047. VITAII. Se observan numerosos surcos tortuosos sobre la pieza que
interpretamos como marcas de raíces que interaccionan con los surcos del grafito. Aunque la pieza fue investigado por Navarro (2013), no informa sobre estas observaciones evidentes. Esto es un grave error contra la objetividad por su parte, con el
agravante que aparece en mi informe (2009), obviamente conocido y de fácil acceso.

Aunque no he encontrado ningún ejemplo en la literatura parece que las raíces también pueden dejar marcas en determinados tipos de cerámica (sí están descritas marcas de raíces sobre objetos de cerámica romana pero del tipo depósito, no del tipo erosivo).

En la pieza 12047 encontramos lo que en mi informe «El problema de la falsedad / autenticidad de los ostracones de Iruña Veleia: evidencias físicas» p. 58-60 indiqué como ‘evidencias de raíces’ (ver figura 5).

En la pieza 12048 Navarro detectó estructuras mucho más finas con una apariencia parecida a las marcas de raíces aunque más tortuosas, que podrían ser quizás marcas de algún fungus.
Navarro afirma tajantemente que dichas estructuras son cortadas por los surcos, lo que puede ser verdad en algunos casos, pero en algunos casos claramente no. La pieza muestra en los surcos claramente una intervención reciente, que puede ser tanto su grabado como un retoque durante la limpieza, pero el mero hecho que en ocasiones, una muy clara, estas estructuras filamentosas cruzan el surco, me parece ser una indicación estratigráfica clara de que el surco del grafito existía antes de la estructura filamentosa, y entonces es antigua.

Fig. 6. Pieza 12048. PARRICI. Se observan estructuras filamentosas que interfieren con los surcos. En la foto inferior observamos que dichas estructuras parecen travesar el surco, lo que sería indicio de su posterioridad al surco. (imagen LURMEN)

Fig. 7. Detalle de la inscripción PAR. La imagen del informe de Navarro sugiere que la estructura no
es borrada por el surco, lo que indicaría la posterioridad de la estructura. (imagen informe Navarro 2013).

Fig 8. Aunque Navarro 2013 afirma ‘con nitidez la sobreimposición de los trazos de grafito’, en realidad por toda lógica en caso de que los surcos son posteriores a las estructuras ‘sinuosas’, estos últimos deben ser borrados por los primeros, lo que claramente no es el caso. Interpreto que el surco es anterior a la estructura de posible origen vegetal.

CONCLUSIÓN

Marcas de plantas o de fungi (?) son por lógico indicadores que se forman durante un largo plazo de tiempo y que indican el enterramiento. Si encontramos estas marcas superimpuestas sobre surcos – con una clara relación estratigráfica de posterioridad, pueden ser perfectas pruebas de antigüedad de los grafitos sobre los cuales aparecen.

En Iruña Veleia, en el caso de los huesos nunca han sido evaluadas aunque fueron ya señaladas en 2009 en mi informe en la p. 60 del peritaje «El problema de la falsedad / autenticidad de los ostracones de Iruña Veleia: evidencias físicas». LURMEN ha pedido en numerosas ocasiones la investigación de los huesos, y ha entregado a la justicia un peritaje a base de fotos por parte de Dr. Baxarias, «Informe preliminar de los restos óseos con inscripciones antrópicas procedentes de las excavaciones de Iruña-Veleia«, médico paleopatólogo, sobre otro tipo de evidencias en huesos (pátinas y micromorfología de los surcos).
La justicia se ha negado a investigar estas evidencias directas.

También en el caso de las cerámicas existen por lo menos dos piezas donde aparecen tales evidencias en relación directa con los surcos. El único caso investigado por Navarro 2013 parece querer llegar a la conclusión contraria de lo que se observa en las imágenes de su propio informe.

Fig. 9. Página 60 del informe pericial «El problema de la falsedad / autenticidad de los ostracones de Iruña Veleia: evidencias físicas» («Marcas de raíces en hueso. Se ven marcas de raíces en el flanco del surco.
Esta relación se puede estudiar en detalle para saber cuáles son anteriores y posteriores.») desde 2009 en
manos de la justicia, citado en varios investigaciones y documentos judiciales: evidencias claras no evaluadas.

De estos hechos deducimos, de nuevo, que no parece existir una voluntad por par parte de las autoridades implicadas de investigar a fondo el asunto del ‘caso Iruña Veleia’, lo que es gravísimo.

Para saber más


1º PURDY, B. A. et al.
Earliest Art in the Americas: Incised Image of a Proboscidean on a Mineralized Extinct Animal Bone from Vero Beach, Florida
Journal of Archaeological Science Received 8 April 2011; revised 25 May 2011; accepted 26 May 2011. Available online 12 June 2011.
Disponible aquí
2º D’ERRICO, F.
AMS Dating and Microscopic Analysis of the Sherborne Bone
Journal of Archaeological Science (1998) 25, 777–787
Disponible aquí
3º STRINGER C. B. et al.
Solution for the Sherborne problem
Nature 378, 452 (30 November 1995)
Disponible aquí

PS. Copio aquí el abstract de un artículo publicado en NATURE sobre la problemática!

Solution For The Sherborne Problem
SCIENTIFIC CORRESPONDENCE
Solution for the Sherborne problem
Sir — Since its discovery in quarry debris near Sherborne, Dorset1, the «Sherborne bone» has been the subject of debate, much of it in this journal (for example, refs 2, 3). We have re-studied this artefact, using optical microscopic analyses with image processing and a chemical and min­eral textural study, followed by sampling for radiocarbon accelerator dating, to attempt to settle its authenticity once and for all.
This bone, a fragment of mammalian rib, had been engraved with the head and forequarters of a horse, and its resem­blance to a Palaeolithic depiction from Creswell Crags, illustrated by Boyd Dawkins4, was used as evidence both for and against its authenticity. More recent exchanges (for example, refs 5, 6) have supported or opposed the authenticity of the engraving as Palaeolithic, while Oakley, in Farrar5, reported relative dating analyses which indicated that the bone itself was fossilized.

sherborn.png

Engraved surface and obverse (showing dating sample location) of the Sherborne bone. Photographs by F. d’Errico.
Our analysis of the obverse of the frag­ment revealed that the spongy bone is still filled with sediment. Micro-roots present in the sediment are trapped in the trabec­ule of the spongy bone. The sediment and roots are the residue of the original filling adhering to the bone when it was buried and are not the result of fraudulent additions to age a fresh bone artificially. Microanalysis by energy-dispersive X-ray spectrometry, and elemental mapping of the sediment filling the spongy bone and of that still adhering to the engraved side, showed them to be of similar composition, suggesting that the engraved side was also not artificially patinated. The patina covering the bone is there­fore the result of the burial environment of the bone fragment.
Analysis of the engraving, however, revealed that almost all the engraved lines are sediment-free and do not show the same patina as the remaining surface of the bone. This is confirmed by optical anal­ysis indicating that engraved lines have gray-value histo­grams that are different from those obtained from unengraved areas, but sim­ilar to those of recently damaged surfaces. Sedi­ment residue also covers eroded areas, suggesting that alteration of the bone surface took place before its engraving.
The engraved lines reveal none of the features that are generally visible on experimental lines produced by lithic tools on fresh bone7, such as sharp edges and multiple parallel striae. In contrast, the engraved surface of the Sherborne bone displays a granular, rough texture, and fractures perpendicular to the groove direction. The edges of the main grooves are frayed by continuous microflaking of the surface lamellae, clearly showing that the engraving took place on an already weathered bone.
Samples for radiocarbon dating were taken from the uncleaned and non-engraved obverse of the rib. The surface was mechanically cleaned and a small quantity (250 mg) of bone removed by drilling. After chemical pretreatment8 and combustion9, the sample yielded an accel­erator age (OxA 5239) of 610 ± 45 years, indicating (after calibration10) that the rib had come from an animal that had died some time between the end of the 13th and the start of the 15th centuries ad. It is not possible to say when, after this date, the engraving was carried out, but it now seems inescapable that the Sherborne engraving is a recent fake. It is even possi­ble that the horse head was traced by a metal tool, as no proof of the use of a flint point, such as the presence of minute striations accompanying the main groove7, was found. Oakley’s determination that the rib was «fossilized»5 can be attributed to the known limitations of relative dating techniques11.
C. B. Stringer
Department of Palaeontology, The Natural History Museum, London SW7 5BD, UK
F. d’Errico
Institut du Quaternaire, 33405 Talence, France
C. T. Williams Department of Mineralogy, The Natural History Museum, London SW7 5BD, UK
R. Housley
Department of Archaeology, University of Glasgow, Glasgow G12 8QQ, UK
R. Hedges
Radiocarbon Accelerator Unit, Oxford 0X1 3QJ, UK
1. Woodward, A. S. Q. Jl geol.Soc. 70, 100-102 (1914).
2. Woodward, A. S. Nature 142, 86 (1926).
3. Sollas, W. J. Nature 142, 233 (1926).
4. Dawkins, W. B. Early Man in Britain (Macmillan, London, 1880).
5. Farrar, R. A. H. Antiquity 53, 211-216 (1979).
6. Sieveking, A. Antiquity 55, 219-220 (1981).
7. d’Errico, F. L’art Grave Azilien (CNRS, Paris, 1994).
8. Hedges, R. E. M., Law, I. A., Bronk, C. R. & Housley, R. A. Archaeometry 31, 99-113 (1989).
9. Hedges, R. E. M. etal. Radiocarbon 34, 306-311 (1992).
10. Bronk Ramsey, C. Archaeol. Comput. Newsl. 41, 11-16 (1994).
11. Molleson, T. in Trace Metals and Fluoride in Bones and Teeth (eds Priest, N. D. & Van De Vyver, F. L.) 342-365 (CRC, Boston, MA, 1990).
Nature 378: 452, 30 NOVEMBER 1995